lunes, 16 de febrero de 2015

Equilibrio

Cada uno de enero, al amanecer, nos encontramos en la playa. Yo le enumero, exhausto, las almas que salvé, los desheredados a los que di esperanza, la paz que instauré entre enemigos acérrimos. Él me relata, cansado,  las violaciones de inocentes que perpetró, los gobiernos que corrompió, el odio que sembró entre hermanos. Después, en silencio, nos desvestimos. Así, desnudos, somos indistinguibles. Imágenes simétricas de un espejo. A continuación,  él se coloca mi hábito raído y mis sandalias;  yo me enfundo su traje perfumado y sus guantes de cabritilla. Y nos despedimos, deseándonos suerte, hasta el año que viene.





jueves, 8 de enero de 2015

Paramnesia

La multitud festiva se amontonaba en la plaza a la espera de las campanadas de fin de año. Llegado el momento, el reloj del ayuntamiento tuvo un fallo informático impredecible. Los ceros y unos del código binario bailotearon entre sí (eran unos dígitos bastante díscolos  adquiridos en un bazar asiático, y además, estaban ya un poco ebrios) y, aunque nadie lo notó, los doce badajazos digitales sonaron de adelante a atrás. A contrapelo. Y un tanto afónicos.  Así, mientras grandes y pequeños se atiborraban los mofletes con uvas, los relojes retrocedieron doce segundos; el suicida recuperó el aliento y el color, pataleando bajo el olivo; la jovencita en el pajar volvió a ser virgen; y el revólver con una sola bala regresó a las manos de K, el siguiente en la ruleta, quien con lívido temblor se encañonaba de nuevo la sien y, quizá menos resuelto, quizá abrumado por un pálido recuerdo, una memoria innombrable de otra vida, no lograba reunir el valor suficiente para apretar el gatillo. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Fugitivo


Reptó por el túnel angosto que había excavado durante meses. Contuvo la respiración (el corazón escapándole del pecho en cada latido) mientras sacaba el manojo de llaves del cinto del guardia dormido. Cruzó el patio cobijado por las sombras y esquivó de milagro a la patrulla nocturna. Finalmente alcanzó la puerta. Introdujo la llave en la cerradura y abrió. Todo lucía tal y como él recordaba. Logró eludir el llanto. Entró en la celda y cerró tras él con rapidez. Ya a salvo, se tragó la llave y respiró aliviado. 



Relato finalista en la convocatoria de noviembre del microconcurso organizado por la lamicrobiblioteca. En este enlace podéis leer a los demás finalistas, entre los que se encuentran Mar Horno García y David Vivancos Allepuz.




jueves, 13 de noviembre de 2014

INSTRUCCIONES PARA SOBREVIVIR A UNA RESACA DE GARRAFÓN



Pensar en la persona amada. Situar la acción en un marco  ligeramente bucólico, pongamos un rincón en penumbra del Retiro. Pasar a cámara rápida los prolegómenos, con sus palabras nerviosas y sus sonrisas bobas. Avanzar hasta el abrazo. Quedarse en él suspendidos. Observar que acoge en su interior varias nebulosas, dos galaxias moribundas y un alfabeto. Aferrarse al otro como quien renuncia a un imperio. Levitar. Levantarse de la cama para calmar el dolor de estómago. Un sándwich y un zumo pueden valer. Beber agua, mucha agua. Another painkiller on the rocks. Coger el cuaderno y escribir ese abrazo incandescente. Los universos que alberga . Las civilizaciones que nacen y mueren dentro de él. Releer. Comprobar cómo se desvanecen, calcinadas, las palabras como pavesas. Cerrar el cuaderno. Descender. Taparse la cabeza con la manta. Volver al rincón algo bucólico del Retiro. Pensar en la persona amada. 

martes, 12 de agosto de 2014

S.O.S.

   De la luna llena como una torta de yeso cuelga desde hace días, puede que años, un cordel plateado. Tras la caída del sol aumenta su brillo, pero nadie parece advertirlo. Bandadas de alcatraces y vuelos transoceánicos pasan junto a él indiferentes. Los pájaros porque, como es lógico, les importa un bledo; los pasajeros, porque probablemente surcan el cielo inmersos en entrañables comedias románticas o complicados balances de ventas. Legiones de astrónomos y controladores aéreos han sido incapaces de detectarlo, y atribuyen sus destellos a interferencias atmosféricas, o a despistadas auroras boreales.

   Tras la luna redonda como un crêpe, en su cara oculta, el náufrago de un zepelín extraviado teje día y noche un cordel con los restos de su nave, y lo deja caer con la esperanza de que, alguna noche, un loco enamorado lo atrape y baje la luna para su amada. O que un niño osado suba a una colina y tire de él, abriendo al fin la enorme piñata que cuelga  sobre La Tierra.



Este relato es mi propuesta para el mes de agosto del concurso "Esta Noche Te Cuento". El tema es: "Bajo la luna llena". Lo podéis leer allí en este enlace.

sábado, 9 de agosto de 2014

Apocalipsis

   
En la número 9, Supermán se rasca la inmensa barriga, apura el vaso de güisqui  y se tira un pedo que agujerea los mugrientos calzones rojos y rasga las cortinas. Después arroja varios billetes a una prostituta que le mira con odio entre toses ahogadas.
En la 11, Batman se inyecta heroína mientras observa a un adolescente bailar desnudo frente a él.  Lobezno aúlla a cuatro patas y gimotea como un cachorro cuando una dominatrix  anciana le azota las nalgas. 

Dos puertas más allá, Spiderman recorre las paredes cazando arañas que ingiere con deleite y repite como un mantra la palabra “Albacete“.
En la recepción, Wonder Woman derrama sus 160 kilos sobre el mostrador. Empalma un cigarrillo con el siguiente, la atención fija en una telenovela.  Pero la interrumpen Supermán, que baja a por hielo, y Batman, que se ha quedado sin condones. Entonces comienzan las noticias, con sus aviones comerciales derribados, sus guerras fratricidas y sus madres desconsoladas cargando a hijos muertos en los brazos. Lo de siempre.
—Fue un terrible error contarles la verdad. No debimos permitir que dejaran de creer en nosotros —murmura Supermán.
—Que les jodan —masculla Batman.
Spiderman, entretanto,  hace pucheros encaramado a una lámpara.

Imágenes: Greg Guillemin




martes, 8 de julio de 2014

MORIRSE DE ABURRIMIENTO



   El pequeño José Aquilino de Todos los Santos languidecía en el funeral, pero no de pena, sino de aburrimiento. Y fue quizá el tedio lo que le llevó a aprovechar el momento de dar la paz ­–ese paréntesis en el que las disciplinadas  bancas de la iglesia se agitan como un  banco de sardinas visitado por un escualo─ para trepar de moflete en hombrera, de joroba en peluquín, como un chimpancé a la fuga. Faltándole el  aire (y casi la vida), atravesó un laberinto de abrazos incómodos, esquivó besos repulsivos, pasó de la prisa a la ansiedad y de ésta a la desbandada frenética. Y así, buscando la salida de aquella jungla, acabó, nadie sabe cómo, en un funeral distinto, donde de repente le llamaban Pepín con gran familiaridad y se dejaba consolar por una multitud susurrante. Este hecho, que al principio le causó gran inquietud, se tornó ciertamente pavoroso cuando, finalizadas las exequias, José Aquilino de Todos los Santos, ahora Pepín, se quedó allí incapaz de moverse, asido a las manos de sus nuevas tías solteronas, junto a sus recién adquiridos primos translúcidos y un nutrido grupo de parientes espectrales, mientras la noche gélida caía sobre el cementerio.


 


Y FELIZ VERANO!

P.S.: No sé cuando volveré. Puede ser el mes que viene, dentro de varios años, o nunca. En cualquier caso, ha sido un placer. Despidámonos apropiadamente en la lengua de Schiller: Auf Wiedersehen!