De
corazón y científicamente calculada para no romperme ningún diente fue la
bofetada que me dio mi madre cuando se enteró. Húmedo y asombrosamente
electrizante fue el beso en la boca que me dio Carolina cuando le declaré mi
amor y le regalé el anillo de la abuela, el de platino con diamantes. Y aunque
al final no quiso ser mi novia (según dijo, era demasiado joven para atarse,
pero el anillo se lo quedaba como recuerdo) y la mejilla me duele todavía, ese
primer beso, a mis diez años, ha sido lo más alucinante que me ha pasado en la vida.
Primera de mis propuestas para ReC. Esta semana la frase de inicio se las traía...
ESCÁNDALO
De
corazón y científicamente calculada para no dejar marcas visibles fue la
bofetada que mi padre me dio la mañana en que Pablo y su madre, lívido él,
furibunda ella, llamaron al timbre y le mostraron el vídeo que, como si de pólvora se tratase, circulaba por
internet mostrando nuestras habilidades como matones del colegio. Y puede que
me la mereciera, porque, como dijo mi padre, ahora que los de anticorrupción
están encima de él por el asunto ese de las comisiones, no nos conviene en
absoluto ser el foco de atención, y mucho menos un escándalo.




