jueves, 13 de febrero de 2014
Reencarnación del sábado noche
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Baile de máscaras,
Esta Noche Te Cuento,
Febrero,
Microrrelato
jueves, 23 de enero de 2014
Con techo
Pero
esta vez, ella lloró. Tras mil intentos de conmoverla, tras abandonar por ella familia
y profesión, un día mis versos apasionados lograron perturbar su gesto
inalterable. O eso me pareció al ver copiosas lágrimas rodar por su tez de
porcelana mientras yo moría de felicidad (que no de hipotermia entre cartones)
a sus pies, con una sonrisa congelada en la cara, sintiéndome el ser más
dichoso del planeta. Porque mi amada de mármol lloraba por nuestro amor
imposible, no como dicen esos malintencionados cuando afirman que sólo dejaba
que la lluvia resbalara por su rostro, como llevaba haciendo durante siglos,
desde su pedestal.
miércoles, 15 de enero de 2014
Glaciación o el valor de la familia
Cierto es que tío Arturo no es la más afable de las personas: su trato áspero en los días buenos y abominable tras una noche de aguardiente es solo equiparable a su halitosis legendaria. Además, suele aderezar sus comentarios hirientes con exuberantes series de flatulencias y eructos que, ejecutados de forma simultánea, hacen de él un ser extraordinario, digno de estudio. También es verdad que esta ventisca cruel aumenta su violencia hora tras hora, y que hace días que no encontramos leones famélicos, cebras moribundas o despojos de ñus, ni siquiera un pobre masái medio congelado; que ya no se divisan árboles en esta llanura azul y que, de no ser por tío Arturo, no hubiéramos sobrevivido a la última semana glacial. Pero esta mañana no estaba, había huído antes del alba mortecina. Y ahora vagamos tras su rastro por la nieve, una inequívoca huella coja de bota izquierda y bastón. Echo de menos a tío Arturo y sé que no nos portamos bien con él pero, para ser justos, tampoco nadie imaginó que se helaría el Serengueti durante un apacible safari fotográfico. Ni que los parientes más rancios tendrían un muslo tan sabroso.
Este texto es mi propuesta para el mes de enero del certamen Esta Noche Te Cuento, con el tema: "Tras su rastro por la nieve". También podéis leerlo en ese maravilloso espacio haciendo clic aquí.
martes, 12 de noviembre de 2013
Error de cálculo
Estimado profesor:
Debo poner en su
conocimiento los últimos acontecimientos, provocados por sendos errores de cálculo,
suyos y míos. El primero (mío), fue pensar que usted me aprobaría a pesar de no
aparecer por su clase, de asistencia obligatoria. El segundo, acudir a su
acogedor despacho confiada en que, en su infinita bondad, reconsideraría mi
suspenso. El tercero (suyo), apoyar distraídamente su mano sobre mi rodilla e
iniciar un sutil recorrido muslo arriba que desencadenó el cuarto y definitivo
error (de ambos), cuyo resultado es que me encuentro ya de dos faltas. Llegados
a este punto, considero que sólo tiene dos opciones: enviar una sincera
proposición de matrimonio, acompañada de un sobresaliente en Derecho Civil, al
ilustrísimo magistrado Bouchard, decano de esta Facultad, jefe suyo, y padre
amantísimo de servidora, o presentar su irrevocable renuncia. Sinceramente,
espero que no cometa un quinto y fatal error.
Atentamente, su
prometedora alumna,
Camille
Primer intento (fallido) en el concurso de microrrelatos sobre abogados. Mes de octubre, palabras obligadas: cálculo, falta, asistencia, renuncia, despacho.
jueves, 31 de octubre de 2013
Enamorados
Hacia el crepúsculo es fácil encontrarnos encendidos
de deseo, rodando colina abajo en un amasijo de huesos pálidos. Ya a la sombra
lunar de los cipreses, encajamos las caderas con estrépito y alborotamos,
crujientes y sonrientes, a los ingrávidos murciélagos. Nuestras risas agitan el
sueño de los vecinos, que se remueven indignados. Pero nada resulta tan
placentero como cobijarnos tras el pedestal del ángel doliente, quien no puede
evitar un leve temblor ─¿puede
sentir envidia el mármol?─ justo
en el momento del clímax, y levantar una difusa aura de
polvo de nieve. Ya satisfechos, nos complacemos en las grietas provocadas en los
mausoleos y reímos imaginando el terror de los aldeanos, que cada noche sienten
con pavor nuestro seísmo, sin sospechar de nuestra cita diaria de medianoche,
sin recordar cuánto odiaban nuestro amor de hombres. Ignoran que, a pesar de
ellos, surcamos esta noche eterna abrazados. Ahora, acurrucados el uno junto al
otro, dormitaremos exhaustos mientras el aire gélido se cuela por nuestras
cuencas vacías, serpentea entre nuestros dientes y sale por el orificio del
calibre 38 que adorna nuestros parietales, produciendo un curioso silbido.
Este relato, tan apropiado para un día como hoy, es mi aportación al mes de octubre de Esta Noche Te Cuento, con el tema de "Cita con la muerte". También podéis leerlo en ese mágico rincón pinchando cuidadosamente aquí.
lunes, 7 de octubre de 2013
Fábula de la ciudad infinita
| "Ciudad hormiguero". Óleo. Belén Saiz Alonso. |
A media tarde abandono mi
puesto y me encamino hacia el enorme hormiguero en el que habito una celda
minúscula ─aunque provista de baño y conexión inalámbrica, no quiero que penséis
que soy un zarrapastroso─, pero un ancestral impulso de apareamiento me compele
a restregar mis órganos sexuales contra los viandantes y decido ─para evitar
males mayores─ desviarme hacia una zona poco transitada de la ciudad donde
abundan los antros plagados de criaturas de la noche. Del interior de uno de
ellos emana un enloquecedor perfume y, al fondo de esa inquietante caverna,
conozco al que ha de ser el amor de mi vida: una gigantesca meretriz en estado
de trance de la que me enamoro de inmediato. Su danza lánguida y cadenciosa, uniendo
las manos como si rezara, y sus hipnóticos globos oculares, grandes como
planetas, me atraen como un imán. Tan erótico me parece su balanceo, que en
pocos segundos me encuentro entre sus brazos, dispuesto a entregar mi vida a
cambio de una cópula vertiginosa. Y a punto estoy de darla, pues sólo una intuición
fugaz del peligro y un ágil movimiento escurridizo evitan que mi devota
enamorada me rebane el pescuezo, aunque, desafortunadamente, no que se apodere
de mi cartera. A trompicones y algo desmadejado (no tengo tiempo de recontar
mis extremidades), me las arreglo para salir del inmundo agujero, y no sin grandes
penurias, logro llegar al compartimento al que llamo hogar, bastante orgulloso
de mis reflejos, aunque lamentándome como un
bicho miserable. Lentamente me desprendo del
exoesqueleto de marca que cada día me
enfundo para ir a trabajar y, tan abatido
estoy, que he de hacer un gran esfuerzo para no colgarme de la corbata a juego.
Convertido en una larva
moqueante, reprimo un sollozo y me ovillo junto al ventanuco, preguntándome qué
habrá más allá de las ignotas fronteras de la urbe interminable. Algunos dicen
que hay un mundo vasto y salvaje, repleto de criaturas asombrosas y ciudades inverosímiles,
cuyos habitantes fornican todo el día y dedican la noche a amasar enormes y
codiciadas bolas de excrementos. Otros en cambio, cuentan que más allá de la
ciudad infinita sólo hay una pared
transparente y lisa. Y que la bóveda azul que nos envuelve (ahora de un negro
impenetrable), no es sino el frío cristal
de un descomunal terrario, donde las estrellas ─ esos impasibles cuerpos
celestes que noche tras noche ignoran mis oraciones─ no son más que el brillo
de cientos de ojos acechantes, curiosos, que nos observan desde el otro lado.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Cinema Paradise
Este texto fue seleccionado en el IV Certamen de Microrrelatos de Cine ARVIKIS-DRAGONFLY 2013 y está publicado en un libro que recoge los ganadores, finalistas y 40 microrrelatos seleccionados. Encantada de ver a una criatura mía en papel.
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