miércoles, 11 de julio de 2012
DODECÁLOGO DE UN CUENTISTA
I.
Contar un cuento es saber guardar un secreto.
II
Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.
III
El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.
IV
En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.
V
Los personajes no se presentan: actúan.
VI
La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.
VII
El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin frenos, trucos.
VIII
La voz del narrador tiene tanta importancia que no debe escucharse demasiado.
IX
Corregir: reducir.
X
El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.
XI
En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.
XII
Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.
Andrés Neuman (Del libro Alumbramiento )
jueves, 21 de junio de 2012
Sin garganta
Nada más entrar en
clase reparó horrorizado en que se había dejado la garganta en casa. Era nueva
y le hacía rozaduras en la tráquea, así que se la quitaba para dormir. Tras
superar el pánico inicial, decidió actuar con normalidad y comenzó la explicación. Labios y lengua se estiraban y contraían rítmicamente, fricando
interdentales y ocluyendo bilabiales, sin que el más leve sonido saliera de su
boca: “Abrid el libro por la página 60. Sacad los cuadernos.” Curiosamente, los
alumnos comenzaron a hacer lo que les había ordenado. Así continuó durante
media hora, sin que anomalía alguna saboteara el devenir habitual de la sesión.
Intrigado y contraviniendo su costumbre de no bajar jamás de la tarima, se
acercó a los alumnos. Paseó con lentitud entre las mesas, escrutándolos con la
mirada. Pronto observó que ninguno de ellos llevaba puestas las orejas. Incluso
había uno que tampoco había traído los ojos. Lo descubrió en el fugaz momento
en que se quitó las gafas de sol para rascarse la nariz. Ahí estaba el chaval,
sin orejas y con dos horrendas cuencas vacías.
En la última fila, esa región ignota e inexplorada,
había un bulto que resultó ser, tras una terrorífica aproximación, un alumno, o
parte de él, que solo había traído el tronco, el brazo derecho y el pene. Qué
cabrón. A saber cómo había llegado al aula, y cómo se marcharía de ella. Igual
llevaba meses allí, masturbándose en la última fila. Quién sabe.
Sonó el timbre y, tras
meditarlo unos segundos, encontró que, sorprendentemente, había sido una sesión
realmente productiva. Recogió con cuidado sus papeles, cerró el maletín y se
encaminó hacia su siguiente clase. Con espíritu cada vez más jovial entró un
momento en la sala de profesores, y al pasar junto a la joven y bonita
profesora de Economía, con la que nunca había sido capaz de cruzar más de dos
palabras, se permitió el insólito atrevimiento de dedicarle un mudo piropo.
Ella le devolvió una tímida y desdentada sonrisa.
lunes, 11 de junio de 2012
SIX FEET UNDER (A dos metros bajo tierra)
AL IGUAL QUE OCURRE CON CIERTOS LIBROS,
hay algunas series (pocas) que marcan un antes y un después en tu vida. Sin
duda Six Feet Under es una de ellas. Se empezó a emitir en 2001 y terminó en
2005 con su quinta temporada. Pero es una obra de tal envergadura que jamás
envejecerá. En todo caso se convertirá en un clásico. Y al igual que otras
producciones de alta calidad como Los Soprano, Mad Men o The Wire, que se
podrían considerar películas muy largas, de varios días de duración, Six Feet Under sería
una gran película de 57 horas y 45 minutos.
No me
alargaré en explicar qué es Six Feet Under, de qué trata cada temporada y mucho
menos, en analizar por qué es una serie tan brutalmente buena. No hablaré de los excepcionales actores que
conforman el reparto y que después se han confirmado como estrellas de la
televisión. Hay centenares de magníficas reseñas ya hechas, por gente mucho más
preparada que yo, que se pueden encontrar con facilidad en la web. Simplemente
diré que es una de las imprescindibles. Una serie durísima que
en cada episodio te coloca delante de la muerte. Y de la vida. Y lo hace de una
manera siempre descarnada; a veces irónica, otras desbordante de ternura; en la
que sus personajes, los complicados y entrañables componentes de la familia
Fisher, dueña de una funeraria, se convierten a lo largo de cinco temporadas en
miembros de tu propia familia. Nate, David, Claire, Brenda, Ruth… siempre
tendrán un lugar en el corazón de los que hemos visto la serie. Ellos crecen y
evolucionan contigo, pero tú también con ellos. Cuando terminas de ver el
último capítulo de la última temporada, te das cuenta de que ya no eres el
mismo que antes de ver la serie. Ha cambiado tu forma de mirar la vida y la
muerte. Tras 57 horas enfrentados de mil maneras a la certeza de nuestra inevitable
mortalidad, la vida se nos revela como el magnífico regalo que es. Como dice
uno de los eslóganes de la serie: “Cada día sobre la tierra es un buen día”.
“EVERY DAY
ABOVE GROUND IS A GOOD ONE”
Como toda obra colosal, tiene un
final enorme. Desde el capítulo 5x08 hasta el último, el 5x12, uno es arrastrado
por un vórtice de pura emoción, con los ojos arrasados de lágrimas,
y ya no paras de girar en ese remolino, hasta que la corriente te deposita
gentilmente en los famosos diez últimos minutos de la serie. Esos célebres últimos
minutos de Six Feet Under sobre los que se han derramado ríos de tinta, y de
los que se ha dicho que dan lugar, posiblemente, al mejor final de serie de
televisión de todos los tiempos.
Y es muy probable que lo sea. Al menos
por el momento. El último capítulo, dirigido por el propio creador de SFU,
Allan Ball, el cual se reservaba siempre la dirección del último episodio de
cada temporada, es una maravilla en cuanto a realización y metáforas. Puro
cine. Un puñetazo tras otro al corazón, en un magnífico epílogo que ata todos
los cabos, dejando al compungido espectador totalmente satisfecho, con un abundante
número de kleenex húmedos alrededor y un tremendo nudo en la garganta, mientras
la música de Sia lo envuelve, consoladora. Un
final que es imposible ver solo una vez. Una serie que hay que ver al menos una
vez en la vida.
"Un final que es imposible ver solo una vez. Una serie que hay que ver al menos una
vez en la vida."
viernes, 18 de mayo de 2012
I CONCURSO MICRORRETALES
Tengo el enorme placer de anunciar que uno de mis microrrelatos ha sido elegido primer finalista en el I Concurso Microrretales organizado por el blog "Microrretales" de Francesc Barberá. Añado que este premio es, por motivos personales, muy especial para mí. Mi agradecimiento al jurado, conformado por el escritor Javier Puche y Francesc Barberá, y mis felicitaciones a la ganadora, Lola Sanabria y a los demás galardonados.
Podéis leer los microrrelatos premiados en el siguiente enlace, en un fantástico vídeo que el autor del blog ha preparado para anunciar el fallo.
Fallo del I Concurso Microrretales
Primer finalista, por Jes Lavado (MadSeason):
"Tras morir, nota atónito el suicida cómo un tipo lo saca a la luz y le corta el cordón umbilical. Frustado, rompe a llorar."
Podéis leer los microrrelatos premiados en el siguiente enlace, en un fantástico vídeo que el autor del blog ha preparado para anunciar el fallo.
Fallo del I Concurso Microrretales
Primer finalista, por Jes Lavado (MadSeason):
"Tras morir, nota atónito el suicida cómo un tipo lo saca a la luz y le corta el cordón umbilical. Frustado, rompe a llorar."
martes, 8 de mayo de 2012
EL TRUCO ESTRELLA
Estimados visitantes de MadSeason:
Hoy os propongo un cuento que hace unos meses tuve la osadía de escribir (yo diría más bien de perpetrar), y que por tener una extensión inadecuada para publicarlo en una entrada de este blog, os dejo en un enlace a Issuu. Estaba abandonado en un rincón del disco duro y, aunque es una bagatela sin demasiadas pretensiones, debo confesar que me divertí bastante escribiéndolo y he decidido que ya es hora de que vea la luz (total, tampoco creo que se convierta en una obra maestra ahí guardado). Ojalá os arranque aunque solo sea una leve sonrisa. Nada me haría más feliz.
Se titula "El truco estrella" y podéis leerlo haciendo clic aquí.
domingo, 15 de abril de 2012
La verdad
Ni el reloj despertador que
sonó a las 7:20 a.m., como cada lunes, ni el móvil de la madre, cuya alarma saltó a las 7:40, lograron despertar a la familia. Todos permanecieron inertes,
yaciendo en sus camas. Al notar esta anomalía, Barbie Rapunzel salió de su
estantería para ver qué ocurría. Se descolgó hasta la balda donde se sentaba
Bob Esponja y lo zarandeó hasta despertarlo. Lo puso al corriente de la
situación y juntos saltaron sobre la cama del niño. Tras pellizcarlo y tirarle
del pelo sin resultado, corrieron a la habitación de los padres. Repitieron la
operación, pero nada ocurrió. Muy triste, Bob Esponja miró a Barbie Rapunzel y
le dijo: “Es inútil. Están todos muertos.” Barbie enjugó una espesa lágrima de
PVC, cogió a Bob Esponja de la felpuda mano y lo arrastró por toda la casa,
mientras abría puertas y rebuscaba en armarios. Finalmente llegaron a la cocina.
Sentado sobre la encimera, silbaba tranquilamente Pinocho (madera de pino,
articulado, adquirido en un mercadillo artesanal). A Barbie le bastó con ver su
sonrisa torcida y la mirada malévola: “Has sido tú, alimaña envidiosa. Querías ser un
hijo más y como no te hicieron caso, abriste la llave del gas anoche. Pero no
te vas a salir con la tuya. ¡Vas a arder en el infierno, psicópata de madera!” Y
dicho esto, agarró una cerilla y la prendió. Una gran deflagración, seguida de
una potente onda expansiva, hizo saltar la casa por los aires. Todo quedó
reducido a una lluvia mansa de pequeños
trocitos inidentificables mezclados con ceniza. En los periódicos dijeron que
el padre, parado de larga duración y sin prestación por desempleo, estaba
desesperado y quiso acabar con todo. Pero yo, que escribo estas líneas, y ahora
tú, que las has leído, sabemos la verdad. Aunque de nada nos sirve.
miércoles, 4 de abril de 2012
Concurso de microrrelatos fantasmales
Un suceso tan insólito como inesperado ha ocurrido en MadSeason: Mi breve relato "El Rey y la corista" ha quedado finalista en el concurso de microrrelatos fantasmales convocado por la Editorial Páginas de Espuma. No hace falta decir que la alegría inunda este pequeño rincón del ciberespacio.
Podéis leer los demás premiados haciendo clic aquí. Os reproduzco mi relato premiado y otro que también concursó (con menos suerte), para los que sois perezosos con el ratón.
“El Rey y la
corista”
—No creo en
fantasmas, pero me dan miedo —susurra Marilyn. Elvis la abraza afectuosamente
mientras contemplan Manhattan desde lo alto del puente de Brooklyn.
—A mí lo que
me asusta es la eternidad.
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"Travesía"
—No creo en fantasmas, pero me dan miedo.
—Bobadas.
La pareja
danza lánguidamente observada por dos hipocampos.
—También temo a los icebergs.
—Descuida, amor. El Titanic es el mejor barco del
mundo.
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