miércoles, 4 de abril de 2012

Concurso de microrrelatos fantasmales



   Un suceso tan insólito como inesperado ha ocurrido en MadSeason: Mi breve relato "El Rey y la corista" ha quedado finalista en el concurso de microrrelatos fantasmales convocado por la Editorial Páginas de Espuma. No hace falta decir que la alegría inunda este pequeño rincón del ciberespacio.
Podéis leer los demás premiados haciendo clic aquí. Os reproduzco mi relato premiado y otro que también concursó (con menos suerte), para los que sois perezosos con el ratón.


“El Rey y la corista”

—No creo en fantasmas, pero me dan miedo —susurra Marilyn. Elvis la abraza afectuosamente mientras contemplan Manhattan desde lo alto del puente de Brooklyn.
—A mí lo que me asusta es la eternidad.


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"Travesía"

—No creo en fantasmas, pero me dan miedo.
—Bobadas.
 La pareja danza lánguidamente observada por dos hipocampos.
—También temo a los icebergs.
—Descuida, amor. El Titanic es el mejor barco del mundo.








jueves, 29 de marzo de 2012

XXXI

   

   Los dos hombres, escondidos en lo alto del acantilado, esperan ver salir el sol por detrás del mar. La leprosería oculta su horror en lo más profundo del valle.

PEDRO. Siempre que se acercan estos momentos, amigo mío, tengo miedo a quedarme dormido.
JUAN. A mí me pasa lo mismo. Pero no te preocupes: hoy tampoco nos dormiremos.
PEDRO. Me moriría de pena si un día no pudiese ver la salida del sol. Cuando ya está en lo alto, no es lo mismo. Es como si, desde arriba, nos estuviese diciendo que todo va a seguir igual, que nada va a cambiar.
JUAN. Tienes razón, Pedro. Al sol hay que verle nacer. Verlo después, cuando ya está en lo alto, no es lo mismo. Sólo mientras nace podemos pensar que el nuevo día que empieza puede ser distinto.
PEDRO. (Con la mirada fija en el horizonte) No falta ya mucho.
JUAN. No, el cielo empieza a enrojecer.
PEDRO. Si ves que se me cierran los ojos tírame de la oreja.
JUAN. Ya no tienes orejas, Pedro.
PEDRO. Es cierto, ya no me quedan orejas. Puedes tirarme de la nariz. Yo, si veo que te duermes, tiraré de la tuya.
JUAN. Yo no tengo nariz, amigo mío.
PEDRO. (Tras una pausa, sonriendo tristemente.) La cosa no deja de tener gracia. Aquí estamos nosotros, convertidos en dos monstruos, pero pendientes aún, como en nuestros mejores tiempos, de la salida del sol, ávidos todavía de belleza. Hoy también volverá a salir, Juan, se incendiará el cielo y el mar volverá a ser azul. Nosotros, sin embargo, continuaremos igual que ayer. No cambiaremos, no son posibles los milagros de esa especie. Abriremos nuestra caja de sorpresas y nos encontraremos, otra vez, con que no hay nada dentro.
JUAN. Tal vez hoy sea distinto.
PEDRO. No, no lo será.
JUAN. De cualquier forma, no podemos perder la esperanza.
PEDRO. ¿Y si ni siquiera tuviéramos derecho a tener esperanza? ¿Y si, tras este amor nuestro por la belleza, escondiésemos algo pecaminoso?
JUAN. ¡Tonterías!
PEDRO. (Suspirando.) ¡Ay, amigo mío! ¡Qué felicidad, si la belleza fuese algo contagioso! ¡Qué felicidad, si el sol que va a salir hoy fuese, por fin, el sol de los alquimistas!

      Silencio. Los dos hombres, agazapados entre los matorrales (como dos cazadores furtivos que temen ser descubiertos) acechan la salida del astro. Canta el primer pájaro y el mar, dormido durante toda la noche, se despereza en los acantilados.


Javier Tomeo (Historias mínimas)

lunes, 26 de marzo de 2012

GRIMM. Otra de cuentos.


Y finalmente me decidí a ver Grimm. No sabía muy bien de qué iba, solo que tenía algo que ver con los hermanos Grimm. Sí, los de los cuentos. Pero como estaba en un momento de escasez de series, me lancé y no me disgustó el piloto. No es una serie ambiciosa. Más bien se trata de  una seriecilla entretenida pero con algunos elementos deliciosos. Es una procedimental, es decir, cada capítulo tiene una trama diferente, un “caso de la semana”, con su planteamiento y su resolución, y es independiente y autoconclusivo. Esto suele funcionar bastante bien en televisión, ya que no pasa nada si te pierdes un capítulo. Aunque normalmente las procedimentales tienen una pequeña subtrama común a toda la temporada, esta no suele ocupar mucho tiempo en cada capítulo, pero le proporciona  continuidad y unidad. Algo de eso hay también en Grimm.
Grimm parte de la premisa de que el agente de policía Nick Buckhardt (David Giuntoli) es uno de los últimos descendientes de los hermanos Grimm, autores de cuentos como Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel o La Bella Durmiente. Según la serie, estos fueron en realidad, cazadores de monstruos y criaturas sobrenaturales. Aventuras que después reflejaron en sus cuentos de hadas, y que los hicieron famosos en todo el mundo. Es por esto que  el agente Nick Buckhardt, último descendiente de la estirpe Grimm, comienza de pronto a ver a algunas personas como lo que son en realidad, hombres-lobo, serpientes, ratones y monstruos de toda clase. Su tía, enferma terminal de cáncer, le pasará el testigo y le legará una caravana llena de armas y manuscritos que ayudarán a Nick en su lucha con los monstruos, y por tanto a resolver muchos de los casos que le asignan. En mi opinión, lo mejorcito de Grimm es el personaje de Monroe. Un Blutbad (hombre lobo) reformado, que interpreta Silas Weir Mitchel.
Silas Weir Mitchel
 Este es a la vez entrañable, tierno, y muy gracioso. Ya no come carne, toca el cello, hace Pilates y es quisquilloso y ordenado en extremo. A su pesar, se convierte en el ayudante de Nick,  ya que sabe mucho sobre las criaturas a las que su amigo se enfrenta y además, es tan noble, que no sabe decir no.  A pesar de tratar de personajes de cuentos clásicos, igual que Once Upon A Time, es una serie muy diferente. OUAT no es una procedimental, tiene bastante más presupuesto, y una trama más complicada, en la que constantemente aparecen giros sorprendentes. En Grimm salen  supuestos monstruos de los cuentos clásicos, no personajes concretos, y no deja de ser una serie de casos policíacos. Pero entretiene mucho. Cada capítulo está muy bien construido, con sobresaltos, y momentos tiernos. 

Monroe transformdo en Blutbad

En Grimm aparecen todo tipo de individuos cuya secreta identidad es monstruosa: Unos son asustadizos como ratones, otros son abogados y serpientes sigilosas, algunos son cerditos glotones y otros lobos sangrientos. Así es cómo los ve un Grimm. Y a mí me da por pensar que si hiciéramos un pequeño esfuerzo y  entrecerráramos los ojos al mirar a nuestro alrededor, seríamos capaces de ver en los que nos rodean sus verdaderas naturalezas. Yo, a decir verdad, no pasa un día sin que me tropiece con algún blutbad (hombre-lobo) y con más de una serpiente venenosa. Menos mal que de tarde en tarde también me topo con algún encantador elfo. Miedo me da pensar lo que vería si mirara con atención a gran parte de nuestra clase política. Mejor no. Mejor quedarse en el mundo de los cuentos de los hermanos Grimm, por si acaso.

Así ve Nick a algunas personas.
 



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sábado, 3 de marzo de 2012

Universo caótico


pintura de Zdzizlaw Beksisnki
       Primero fueron las oleadas de pesticidas que invadieron el poblado, aniquilando a casi todos  los adultos, mientras se afanaban en sus tareas. Cuando apenas quedaban los individuos más jóvenes, se sucedieron las inundaciones. Terribles y violentas mareas de agua y lluvia ácida que arrastraron  a su paso a familias enteras. Solo sobrevivieron las crías, que habían sido puestas a buen recaudo en los lugares más seguros y escondidos. Fue entonces cuando llegaron las  gigantescas barras de metal, penetrando en todos los rincones y arrancando los bebés de sus refugios. Estas, pertenecientes a una lendrera que manejaba con suma destreza Michiko Natsume, arrancaban una a una las liendres anidadas en la enmarañada cabecita del pequeño Hiroshi, quien procuraba ignorar los tirones de pelo jugando con su Power Ranger. Su madre, con el ceño fruncido y mordiéndose el labio, se aplicaba con despiadada determinación a la tarea de acabar para siempre con los malditos piojos. De pronto, levantó la cabeza extrañada. Un sordo rugido in crescendo rompió su concentración. Se levantó, se acercó a la ventana y, sin comprender, miró la gran masa de agua, escombros, coches y lodo que se aproximaba a su casa con rapidez, engulléndolo todo, en su recorrido por la pequeña aldea de Onagawa, en la prefectura de Miyagi, no lejos de Fukushima.



martes, 28 de febrero de 2012

TOUCH, SMASH Y THE RIVER. Últimos pilotos vistos en MadSeason.


TOUCH
 La serie Touch, creada por Tim Kring (Heroes) para el canal FOX, y dirigida por Francis Lawrence (Constantine, Soy leyenda, Agua para elefantes), ha emitido hasta ahora un episodio piloto que  funciona como presentación de los personajes principales de la serie y se preestrenó en Estados Unidos el domingo 25 de enero de 2012, convirtiéndose en una de las emisiones más seguidas de la noche, superando los 12 millones de espectadores. La serie completa se estrenará de forma regular casi dos meses después, el 22 de marzo de 2012 y se prevé que su primera temporada tenga 13 episodios.
En este episodio piloto se nos presenta con bastante acierto la historia de Martin (K. Sutherland), padre de un niño autista profundo llamado Jake, con una especial habilidad para los números y establecer conexiones entre estos y las vidas de personas que aparentemente no tienen ninguna relación y que, según él, están destinadas a encontrarse.
El piloto me ha parecido muy bueno. Con mucho ritmo y bastante emotivo en algunos momentos, ciertamente te deja con ganas de ver el siguiente capítulo. La realización está muy cuidada y deja traslucir que el proyecto es muy ambicioso y aspira a ser una gran producción. El único problema que le veo es que el argumento está un poco manido. Ya se trató, sin el elemento conductor de los números, en la serie de J.J. Abrams, Six Degrees. Y aunque funciona en el piloto, es un gran reto estirarlo para que dé el juego suficiente para toda una serie. La emotividad y los sentimientos están mucho más presentes en Touch, y consigue llegar al espectador, si bien este ha de hacer algunos actos de fe para creerse alguna que otra situación. Concesión que os recomiendo porque una vez hecha, es posible disfrutar con el hilo argumental del episodio e incluso, si tenéis el día sensible, llegar a emocionaros. Destacable la interpretación de Sutherland.  




SMASH

Serie producida por Spielberg para la NBC y que hará las delicias de los que adoran el musical de Broadway. Relata la creación de Marilyn: El Musical.  Los personajes principales son dos chicas bailarinas y cantantes aspirantes a conseguir el papel de Marilyn en el musical. Una, sin experiencia y no tan exuberante como Marilyn (Katharine McPhee), pero con un gran talento, y su antagonista (Megan Hilty), una experimentada corista de Brodway, muy sensual y talentosa, pero no tan guapa. Los primeros capítulos se centran en quién de las dos conseguirá el papel y ponen al espectador en la inevitable obligación de elegir entre la Marilyn rubia o la morena. Dos caras de una misma moneda, o sea, la Marilyn dulce e ingenua o la Marilyn explosiva e icono sexual. Como apariciones estelares tenemos a Anjelica Houston como productora del musical y a Debra Messing (Will & Grace) como creadora artística. La serie aprovecha el rebufo del éxito reciente de series como Glee, pero no tiene nada que ver. Si os animáis a verla, os esperan altas dosis de números musicales al mas puro estilo Broadway, todos ellos con una coreografía y música muy cuidadas,  además de una trama en la que se reflejan los entresijos de la producción de un musical y se intuyen infidelidades, divorcios, rencillas y disputas que pueden dar juego y ser el motor de la serie. Si no os gusta el musical, ni lo intentéis.

THE RIVER

Serie  producida por Steven Spielberg para la Fox (este hombre no deja de producir, sin demasiado acierto, la verdad) y creada por Oren Peli (Paranormal Activity).
En la introducción del piloto se nos presenta al divulgador Emmet Colet (Bruce Greenwood), su esposa Tess (Leslie Hope) y su hijo Lincoln (Joe Anderson), familia que ha formado parte de un reality-documental durante años donde se descubrían las maravillas del planeta. Un día, Emmet desaparece en una de sus expediciones al Amazonas cuando ya su mujer y su hijo no aparecían en el programa.  Tras declararse oficialmente muerto al expedicionario, su mujer consigue reunir un equipo para ir a buscarlo con la condición de que todo se grabe a modo de reality show.
Es de esos pilotos que ni los odias ni te gustan. Hay muchos tópicos: un espíritu o ente paranormal que los ataca; el hijo, Lincoln, que no soporta a su padre-héroe y le recrimina una infancia anormal; la hija del compañero de Cole, muy atractiva (para dar juego romántico con Lincolm); secretos maritales entre Tess y Emmet; un traidor dentro de la expedición,  gente que ya sabe lo que pasa allí e intenta que nadie lo averigüe, etc., pero todo un poco forzado y sin mucho ritmo.  Demasiados elementos ya vistos en cientos de películas y total carencia de personajes o actores atrayentes. El único que me atrae un poco es Joe Anderson, que interpreta al hijo y que hizo de sobrino de Beethoven en Copying Beethoven. Tampoco consiguen generar interés por el aspecto misterioso y sobrenatural. A mí, al menos, me aburrió un poco, así que no la seguiré en principio, y si despega o las críticas mejoran, siempre hay tiempo de retomarla.


Esto es todo por ahora desde MadSeason. Seguiremos informando.






viernes, 17 de febrero de 2012

FINAL

 Al final sólo quedamos dos. Lo primero que hicimos fue cambiarnos los nombres. Ella eligió llamarse Eva, yo Adán.
 
 
Sandro Centurión (tomado de su blog Rinocerontes bajo la mesa)

jueves, 2 de febrero de 2012

Posesión

Admitámoslo: padezco alguna suerte de posesión. Al principio me pasó desapercibida. Era tan solo un leve nudo en la boca del estómago fácilmente achacable a una mala digestión, pero a medida que transcurrían los días aumentaba la vívida sensación de no estar solo, de portar en mi interior un oscuro pasajero que, paulatina e inadvertidamente, iba creciendo dentro de mí. Mi nuevo inquilino parecía alimentarse de mis energías y curiosidad. Las tomaba indiscriminadamente y sin permiso, dejando en su lugar, eso sí, todo un surtido de apatía, desgana y melancolía. A veces, por las noches, entre pesadilla y pesadilla, me parece vislumbrar su morfología. Está hecho de la materia viscosa de los cenagales, pero jamás me muestra su rostro. Yo, al principio, le interrogaba sobre sus propósitos, exigiéndole que confesara para qué organización o ente superior trabajaba: “¿Eres esbirro de alguna divinidad benévola o, por el contrario, obedeces a fuerzas diabólicas?”. Pero jamás obtuve respuesta aclaratoria. A lo sumo, alguna vez me pareció percibir el eco de una risa irónica. Cada día noto como mi anatomía cede terreno a su inexpugnable afán de conquista. Por cada sonrisa que me arrebata crece unos centímetros, invadiendo el espacio de algún órgano interno; por cada llanto que brota de mis ojos, rellena con su lodo pegajoso una de mis extremidades.  Recientemente ha debido apoderarse de mi cráneo, pues experimento una especie de aturdimiento, como si tuviera la cabeza repleta de porexpán. Como resultado, cada vez me resulta más tedioso entablar conversación con mis semejantes. Realizo mi trabajo de forma maquinal, pero incluso esa mecánica aprendida me es cada vez más ajena e indiferente. He decidido registrar este proceso porque intuyo que su colonización de mi persona es inexorable. Antes luchaba contra él, sobre todo por las mañanas, momento en el que lograba aunar ciertas energías y un puñadito de esperanzas para la jornada (seguramente mi okupa duerme a esas horas), pero al poco rato notaba cómo se despertaba con renovado ímpetu y aniquilaba cualquier gana de vivir.
Hace unos días que no voy a trabajar. De todas formas tampoco recuerdo a qué me dedicaba. Oigo a lo lejos que llaman al timbre y unos extraños se dirigen a mí. Parlotean algo sobre unos niños desatendidos. Seguramente se refieren a un par de críos que creo haber visto por aquí, muy sucios y hambrientos, reclamándome que les haga la cena. No sé quiénes pueden ser. Tampoco me importa. Reparo en este instante en el bolígrafo que sostengo en mi mano derecha, y en que ignoro por completo el propósito con el que comencé a escribir estas líneas